miércoles, 31 de diciembre de 2008

Fuego sagrado, eliminado

En la medida que los años pasan, el cuerpo se corrompe. ¡Vaya noticia!
Una articulación endurece, el oído falla, la visión disminuye, la voz es más grave, la fuerza decae, el paso es más lento, nada es improvisado, buenas y malas noticias provocan un vuelco anímico, el corazón acelera, la hipertensión intimida, la sensación de soledad es más profunda, el temor vence al más valiente pero, seguimos andando la vida.
Los huecos dejados por las pérdidas quedan disimulados detrás de las bienvenidas, nuestro cerebro regula las emociones, esconde las tristezas, agranda las alegrías, la memoria reciente parece ocupar nuestro pensamiento, la esperanza comienza a ser una palabra, la enfermedad una agonía pero, seguimos andando la vida.

Alguien pronunció el nombre maldito: Al Zheimer. Todo da vueltas, queda patas arriba.
El fuego sagrado esta en peligro, la lluvia de los años lo vulnera, poco a poco la voluntad pierde su rumbo, la memoria retrotrae a un pasado más que lejano, la mirada queda clavada en una hoja del diario que no será leída, las escaras lastiman pero no duelen, el caminar es escaso y a la vez tarea de coloso, impotencia y violencia van de la mano, pasado y presente unidos, confunden. Futuro: Palabra desconocida.

Llegó la noche sin luna, el silencio de quien ya no comprende, el desgarro ante una ráfaga de lucidez, la confusa soledad del que ya no sabe quién lo acompaña.

El fuego sagrado se apagó, dejamos de andar la vida.

viernes, 30 de mayo de 2008

Yorkipoo : mi Tiffany.


Mi Tiffany es una Yorkipoo, mezcla de Yorkshire y Poodle, de 9 meses, toda negra con reflejos marrones.


A pesar de no ser una raza reconocida todavía son perritos muy populares en otros países como Estados Unidos, Canadá, etc. También pertenece a la categoría Toy por su tamaño.


Los yorkipoo combinan lo mejor de las dos razas que le dan origen como la dulzura de los yorki y la presencia de los caniches.


En el caso de Tiffany, los padres son ambos de muy buen pedigree, pertenecientes a una familia norteamericana misionera que vive en mi ciudad.


La madre es una caniche totalmente blanca y el padre es el yorkshire típico, color marrón dorado con lomo negro, más pequeño que la caniche. Los 5 hermanitos que nacieron fueron negros, pero con el pasar del tiempo, al menos Tiffany, fue tomando reflejos color cobre-marrón visibles sobre todo al sol.


Su pelo es sedoso y suave, liso, pero los hay de cabello motoso como los caniches. Le gusta mucho que la peine y se queda muy tranquila mientras lo hago.


Su tamaño no llega a 28 cm de alzada y su peso entre 4-6 kg.


Es muy inteligente y la llamo perra de circo por todas las cosas que hace sin habérselas enseñado pero también ha aprendido diversos truquitos y los pone en práctica cuando se las mostramos a las visitas. Es muy fácil entrenarla y creo que la determinación le viene por herencia de su padre y el ingenio rápido, por parte de la caniche.


También puede ser muy terca cuando no hace caso y hay que usar algún tono de voz bastante enojado para hacerla entrar en razón, entonces sí entiende y obedece.


A pesar de su mínimo porte, es excelente guardiana de la casa porque hace saber fuerte y claro si alguien está en la puerta o rondando alrededor de ella.


Le gusta también salir de paseo y es buena para caminar, pero es especial para interior.


Tiffany también sale a jugar al patio de atrás con mis otras dos perras manto negro, pastores alemanes, que le cuatriplican el porte. Sin embargo ella no les teme y a veces creo que se siente del mismo tamaño que ellas. Las tres forman un buen grupo de cuidadoras.


Según la gente que los cría, estos perros son más saludables que los puros caniches y yorkshire que traen consigo problemas genéticos. Tiffany es muy sana, alegre y simpática y puede llegar a tener una vida útil de entre 10-14 años. Ésto se debe a que ella es hija de una poodle pura y de un yorshire puro y si bien ella solo es 50% de cada uno, igualmente es una personaje de ley porque nos alegra la vida y mucha gente la ama y se siente la reina de la casa.









miércoles, 12 de marzo de 2008

GH5, versión desde la bronca

Princesa, la que supo amar


Bajo la carpa del Gran Circo, protegidos de la rapiña de eso que llamamos realidad, Princesa y Galán daban comienzo a una historia que podía ser de amor.

Como las desgracias ocurren sin pedir permiso, las fieras la hirieron de gravedad. La lealtad de sus súbditos no fue suficiente para evitar que dejara a Galán y la llevaran a sanar.
Desde lejos lloró, luchó y arengó a su pueblo en pro de su enamorado, joven débil e indeciso, quien decía cuidar de ella cuando él mismo era quien sentía temor.
La gente de su feudo luchó junto a ella codo a codo, ganaron la batalla y volvió al circo. Galán la recibió con sorpresa, algunos dijeron que con miedo, otros más benévolos que lo paralizó el amor.

Princesa sabía muy bien que ambos corrían serio riesgo, fieras y figurines habían sido desalojados. Era un circo de sobrevivientes, alguno por su inteligencia y otros de mera casualidad. Debía jugar el todo por el todo, ganar no tenía sentido si le significaba perder a aquél que le había jurado fidelidad.

Ganada que fue la guerra, Princesa por fin tocó el cielo con su sonrisa, bajó y abrazó a su gran amor.
Buena Onda, Bailarín, Gorila, Galán y Princesa celebraron por igual, todos habían ganado el mayor premio de la vida real: La amistad.

Pasaron las celebraciones, ella y él eran símbolo viviente de aquello que todos alguna vez, llegamos a soñar.

Mientras él viajaba cubriendo compromisos, ella trabajaba, le cuidaba la espalda, organizaba su tarea, daba la cara y la vida por él.
Entre luces centelleantes, música fuerte, tragos gratis, caricias y besos robados para fotos fáciles con mujeres que lo eran aún más y, eso que llaman popularidad, el infeliz Galán dio rienda suelta a su debilidad creyendo ser ganador por primera vez en su vida.

Princesa dudó.
¿Debía aceptar las reglas de un nuevo juego, mezquino como pocos y sin solución de continuidad o bien, partir lanzas, preservar sus valores y creencias, vestir la armadura de Juana y volver a luchar para sí misma?
Su pueblo la reconoce como legítima princesa, luchadora empedernida, forjadora de sus propios sueños y Señora de la Vida.

domingo, 9 de marzo de 2008

La maldición de Casandra

Los antiguos griegos sí que eran sabios… Para cada situación humana crearon, dibujaron primorosamente casi, un mito a la medida… Edipo, Electra, Prometeo, Antígona, Dafne, Narciso…

Uno de los que más me conmueve es el mito de Casandra, la joven pitonisa condenada a que nadie creyera sus augurios. ¿Se imaginan, sentir que se conoce el destino, tener la verdad entre las manos, y que nadie te escuche?

¿Y cuántas veces nos ha ocurrido que fácilmente vemos en el laberinto, en la madeja enredada de los acontecimientos vitales de alguien a quien queremos, por dónde está la salida, la solución, la hebra salvadora que le permitiría resolver el enigma? ¿Pero y cuántas veces nos han escuchado si hemos aconsejado?

No se trata de ningún atributo especial, ni de aposentarse en un escalón de superioridad, ni siquiera de tener una verdad absoluta que ostentar. Se trata de cuánto amamos y conocemos al otro, y de que, al menos a mí me ocurre, suele resultarnos mucho más fácil ver qué le hará daño al otro que definir nuestras propias circunstancias. Sí, porque nuestros propios problemas los vemos, nadadores forzados, dentro mismo del río, y qué difícil puede ser discernir en medio de la corriente... Sin embargo, tenemos los ojos bien abiertos cuando miramos el sufrimiento de una persona querida y queremos tenderle la mano, como si viéramos en perspectiva, y tuviéramos una visión panorámica que no podemos permitirnos con nosotros mismos.

Sin embargo, la maldición radica en que, más allá de lo que veamos, el otro en general, sea cual sea el motivo, no querrá atender ni escuchar. Y hará precisamente lo que le advertimos que podría hacerle daño, y muchas veces caerá, y luego habrá que enjugarle las lágrimas, guardando silencio respetuoso, porque al que está caído no le obsequiarás con un “Te lo dije”, para que se sienta aún peor.

La vuelta de tuerca es, y Borges nos los advirtió hace mucho tiempo, que en este juego perverso de espejos infinitos, seguramente cada Casandra tendrá sus Casandras particulares, y la que no es escuchada, a su vez no escuchará a quienes desesperadamente le advierten de las piedras que hallará por ese camino que no debió tomar…

¿Será que en esta vida, tan hermosa, estamos condenados a realizar un aprendizaje que sólo se efectúa entre raspones y sobresaltos? Pero la sensación más desagradable de todas es la impotencia… por lejos.

martes, 4 de marzo de 2008

El arte del adiós

Adiós
“Aquí
lejos
te borro.
Estás borrado.”
Idea Vilariño

Lo dijo una de mis poetas preferidas, y sin embargo porque se ha empeñado en decirlo y gritarlo es que no le creo. ¿A quién le resulta fácil decir adiós? ¿A quién le resulta fácil despedirse de lo que se ama?

Ya sé, ya sé que la vida es una sucesión algo caótica de penas y alegrías, todo mezclado, y que podemos levantar en el aire como una flor delicada muchos más logros que fracasos. Pero hoy quiero detenerme en esos tragos ásperos que nos obligan a abandonar algo que teníamos aferrado a la carne, que no queríamos perder, que cuando desaparece se va arrastrando parte de nosotros mismos.

Qué difícil es decir adiós. A ciertos momentos del pasado, ciertas etapas, a las personas queridas. Tengo que reconocerlo: nunca he sido buena en eso. Así, mirar una foto de otros tiempos puede ser un lanzazo brutal en el pecho, encontrar de casualidad un recuerdo de alguien un golpe bajo que deje doblada…

Y no es no valoración del presente, es no saber aceptar que todo tiene un fin, que las cosas se terminan, la juventud se pasa, el amor puede marchitarse, y los seres queridos pueden emprender el gran viaje que los distancie de mí…

jueves, 28 de febrero de 2008

Los otoños de mi vida.

Hoy yendo por la Avenida Universidad hacia el centro de mi ciudad sentí algo especial en el aire.
Al principio no me dí cuenta de qué era eso que olía.
Pero muy pronto, lo reconocí.
Ese acortarse de los días lentamente, ese volver de la gente a sus trabajos y escuelas,
esa perspectiva de cambiar los tórridos días veraniegos
por otros más dulces y más soportables,
ya me estaban indicando que entraremos al mes de Marzo,
el mes del Otoño.
Mi estación favorita porque después de ella vendrá mi segunda favorita:
el invierno.
Y eso me hace sentir ligera y feliz porque funciono mejor con el frío que con el calor.
He vivido miles de otoños en mi larga vida y ninguno me defraudó.
Lo he visto en Santiago de Chile y en las playas chilenas alrededor de la capital.
En la Cordillera de Los Andes, maravillosa en toda época.
En Argentina lo viví en Gualeguaychú, muy tibio, casi otro veranito, en Mendoza
con los tonos ocres más hermosos que se hayan pintado y en Córdoba, caprichoso
y ventoso, maltratando las hojas que lleva de un lado para el otro como dándoles la oportunidad
de un último viaje.
El otoño vivido en cada uno de estos lugares tiene un sabor especial.
Solo por ser otoño.
Solo porque me alejo por unos meses de los días de calor.
Porque el invierno y la primavera son bonitos y el otoño me llevan a ellos.
Si tengo la suerte de llegar a otro verano este año, será con
la alegría de esperar otro otoño que me alejará de nuevo de los
tremendos días de verano.
Realmente para mí, el otoño es la mejor estación del año.
Y ya le estoy dando la bienvenida.